¿Quién descubrió la célula?


La célula es el componente fundamental de la biología. Nuestros cuerpos y el de casi toda la vida, sobre la tierra se compone por células. Desde los primeros organismos, que justamente eran unicelulares, puede decirse que la vida en el planeta tierra comenzó tal como la conocemos. Siempre el origen de la célula y su funcionamiento ha fascinado al hombre. Sin embargo, hubo un tiempo en el que se desconocía completamente qué era este maravilloso conjunto vivo de interacciones y funciones que se regulan así mismas sosteniendo la vida. Dentro del entramado que sostiene la vida en el cuerpo humano y en cualquier ser vivo, la célula cumple un papel fundamental. Cada conjunto de estos diminutos compuestos biológicos conforma junto a otras de sus mismas características un órgano, que a su vez, constituye los sistemas especializados de un organismo determinado. Así pues, tenemos células epiteliales que conforman la piel; células neuronales que almacenan y ejecutan funciones especializadas en el cerebro; existen células hepáticas específicas en una función determinada para sintetizar elementos y eliminar desechos que produce el cuerpo humano. Del mismo modo que los átomos conforman toda la materia conocida en el universo, así también las células, hacen que todo ser vivo que habita el planeta pueda subsistir.

Antes del avance de la técnica necesario para poder adentrarse en la meticulosidad del mundo celular, los grandes pensadores y filósofos de la antigüedad tenían una idea vaga de lo que era este compuesto esencial de la biología. Demócrito, por ejemplo, decía que todo lo que existía tenía un origen en el agua. Hipócrates padre de la medicina, aventuró una hipótesis que duraría varios siglos en ser rebatida, y que dirigió la medicina medieval hasta el descubrimiento del microscopio. El médico griego afirmaba que el cuerpo humano se constituía por humores que determinaban el carácter de cada patología.

Aristóteles el más grande filósofo de la antigüedad, consideraba que había unas leyes subyacentes a la biología que organizaba desde los elementos menos complejos como las plantas, hasta los seres de mayor complejidad como los animales y finalmente el hombre, que estaba en la cima del desarrollo de la vida. Varios estudiosos en la edad media como Teofrasto y Paracelso estudiaron la biología por medio de tratados sobre botánica y biología aunque demasiado incipientes para poder ser tenidos en cuenta como fuentes de estudio fidedignas.

En el siglo XVII con el desarrollo de las lentes de aumento se pudo llegar a distinguir con mayor precisión las estructuras biológicas que conformaban la vida con la invención de microscopio. Un pulidor de lentes holandés llamado Zacharias Jansen, según se cuenta, consiguió ampliar la visión de objetos minúsculos con un tubo provisto de dos lentes convexas en cada extremo. Sin embargo, se atribuye a Hans Lippershey el desarrollo de esta invención, así como la del telescopio. Durante los juegos de un niño amigo de su hijo en el taller donde trabajaba el pulidor, este alineo dos lentes ampliando la perspectiva, dándole la idea del aparato.

En el año 1665 mientras trabajaba en su taller perfeccionando y puliendo lentes, hizo la disección y estudio de una corteza de corcho, pudiendo determinar que había presencia de actividad biológica en los tejidos vegetales. Al detallar en la conformación de la estructura celular vegetal, pudo hallar un parecido asombroso con la disposición de los panales de las abejas, por lo cual las llamó células (del latín cellum, que significa cavidad u orificio). De este modo abrió camino a las investigaciones de otros eruditos como Anton van Leeuwenhoek, quien en su trabajo como comerciante de telas, perfeccionó diversos modelos de lupas para poder apreciar mejor la calidad de las mismas. En cierta ocasión habiendo mejorado considerablemente los primeros modelos de lupas de aumento, pudo observar en el agua de un lago cercano unas criaturas vivas en una gota de agua. Leeuwenhoek es probablemente el primer hombre en ver microorganismos por medios físicos. A estas extrañas criaturas jamás vistas antes, el estudioso las llamó animálculos, sin tener una manera mejor de mencionarlas. Del mismo modo, Anton van Leeuwenhoek analizó muestras espermáticas hallando estas criaturas en el líquido vital, por lo que dedujo que estos tenían que ver en el origen y la concepción biológica del hombre.

El desarrollo de la tecnología electrónica, consiguió en el siglo XX que este mecanismo de observación fuera ayudado por medios de técnica más avanzada, consiguiendo ampliar miles de veces un objeto de observación por medio del barrido electrónico. Los microscopios electrónicos, de la mano hoy día de la nanotecnología, han logrado avances para la medicina, la farmacéutica y otras industrias, que han mejorado la calidad de vida y su expectativa que probablemente serían utópicos cien años antes. Actualmente es posible registrar el avance de células malignas y estudiar su manera de dañar órganos saludables por medio de los principios básicos de esta invención.


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