Efecto Mozart

El efecto Mozart y sus conclusiones 

Semejante talento por supuesto que no ha pasado desapercibido en el mundo y aún hoy, lejos ya de la historia que lo vio vivo, se sigue nombrando. En la década del noventa en Estados Unidos, más específicamente en la Universidad de California, se han despertado algunas curiosidades que han tomado forma de investigación.

La psicóloga Frances Rauscher y el neurobiólogo Gordon Shaw fueron desarrolladores de una investigación que tuvo como protagonistas a 36 estudiantes que durante diez minutos se sometieron a una sonata de Mozart a dos pianos en re mayor. Los resultados de esta primera investigación arrojaron que había efectos positivos en el razonamiento espacio temporal de estas personas durante diez minutos. Una vez que se conocieron los resultados de esta primera investigación, se han seguido las pruebas pero nunca se volvieron a obtener los mismos resultados. Esta primera investigación y sus conclusiones se han denominado con el nombre del efecto Mozart.

Bajo este nombre se agrupan una serie de beneficios que se han hallado en un grupo de personas luego de haber escuchado la música de Amadeus aunque nunca se han vuelto a comprobar científicamente. Desde que se comenzó con la primera investigación y hasta hoy se continúa con las pruebas y los estudios científicos del efecto Mozart que causó un gran impacto en estudiosos de distintos ámbitos.

La investigación que en 1993 se realizó en la Universidad de California había dado como resultado que la música del famoso compositor ayudaba a desarrollar la inteligencia de los niños que tienen edades comprendidas entre los 3 y los 12 años mejorando también la capacidad de razonamiento. Además, a través de esta investigación científica también se ha llegado a la conclusión de que la música de Mozart mejora el desarrollo de habilidades relacionadas a la lectura y a la escritura como así también, mejoraban la capacidad de memorizar y recordar.

El efecto Mozart, según esta investigación, disminuye las consecuencias de enfermedades genéticas como el Alzheimer. Así como también sirve como estímulo notable de los pequeños niños desde sus primeros meses de gestación.
El efecto Mozart ha dado ganas de seguir investigando y se han realizado distintas pruebas con varias conclusiones. En una de ellas se han utilizado como grupo de prueba ratas que al ser sometidas a una sonata del músico han salido más rápidamente de un laberinto que las otras que no han estado oyendo la música. Aumentando las pruebas, en una segunda instancia, se han utilizado niños que han estudiado al menos seis meses de piano y que aprendieron a tocar melodías simples de Mozart. Estos fueron sometidos a tests espacios temporales comprobando mejores resultados que aquellos niños que solo interactúan con ordenadores y no dedican tiempo a la música.

Uno de los resultados más llamativos que se han obtenido analizando el efecto Mozart es que, al oír la sonata K448, se produjo una disminución de la actividad epileptiforme en un grupo de pacientes que padecían de esta grave enfermedad. Los expertos han expresado que la música de Mozart es capaz de producir tal efecto por la forma en la que está escrita, es decir, presenta ondas de sonido que se repiten regularmente pero en forma espaciada, y es esta característica una de las que genera la disminución de los efectos de la epilepsia o la mejora espacio temporal de una persona.

Muchos otros expertos también expresan que no es solamente la música clásica de Mozart la que es capaz de producir estas mejoras de salud o de desarrollo en una persona sino que, existen otras músicas contemporáneas que también son capaces de lograrlo como la perteneciente al género new age. La clave, dicen, es la estructura en la que está escrita. Otros tantos han visto en el efecto Mozart una oportunidad de negocio que además, resulta sumamente atractiva para el público femenino con hijos. Los de este grupo han comercializado aún más la música de Mozart adaptada a los niños y han confeccionado espectáculos y planes infantiles con la música de Mozart por ser, “comprobadamente” efectiva para el desarrollo de los bebes en sus primeros años de vida.


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