11- Luces de la ciudad (City Ligths)

Luces de la ciudad (City Ligths)
Luces de la ciudad

Año: 1931. Director: Charles Chaplin. Duración: 86 min. País: Estados Unidos. Género: Comedia.

Reparto: Charlie Chaplin, Virginia Cherrill, Florence Lee, Harry Myers.

Sinopsis:

Un golfo callejero, sin techo y sin comida, queda prendado de una vendedora de flores ciega. 

Su amistad casual con un millonario al que salva providencialmente de morir, y que tras le rescata jamás recordará haber cruzado palabra con él, le sirve como herramienta para ganarse la atención de la muchacha.

Una ocasión, tras haber probado suerte en diferentes maneras de ganar dinero, se encuentra de nuevo al millonario ebrio al que el mendigo pide mil dólares y a quien éste se los entrega gustosamente.

Una vez sobrio, el millonario hace apresar al hombre, quien le ha dado el dinero a la florista quien estaba a punto de dar a la calle y quien se hace operar de los ojos.

El mendigo va a dar a la cárcel y luego de un tiempo, cuando sale del presidio, la florista lo reconoce como su benefactor.

Comentario:

Chaplin, convencido de que el cine sonoro no era algo pasajero, detuvo temporalmente la realización de su última película reflexionando sobre su proyecto cinematográfico que solventara de su propio bolsillo.

Aunque "Luces de la ciudad" -estrenada en 1931- tenía una banda sonora compuesta por Chaplin, así como algunos efectos sonoros, en el fondo seguía siendo una película muda (era ya el quinto año de la era del cine sonoro).
Chaplin se arriesgó y el filme tuvo una respuesta inmediata en le público. Bernad Shaw, Winston Churchill e incluso el director ruso Sergei Eisenstein, no pudieron evitar derramar algunas lágrimas durante la proyección.

El caluroso recibimiento del público nostálgico de cine mudo, fue buen augurio para Chaplin. Todavía hoy sigue siendo una de las películas más importantes de la historia. Su frescura en las interpretaciones demuestra que el arte permanece incólume ante las innovaciones técnicas.

Su línea argumental simple, ofrece una capacidad de matices que sólo Chaplin podía conseguir y que en esta película alcanza el punto máximo de sutileza en la expresividad. «Contemplar esa escena hace que a uno se le encoja el corazón… además, es la más grandiosa actuación jamás vista en una pantalla y una de las cumbres de la historia del cine», dijo un crítico, sobre la escena final entre la florista y el vagabundo.



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